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Toro de Osborne, en Villajoyosa (Alicante).

Las corridas de toros me parecen un espectáculo bastante cruel, pero me cuesta creer que esa sea la única razón por la que el Parlament de Catalunya haya prohibido tales festejos. Más bien suena a excusa para intentar “desespañolizar” su nació.

No recuerdo escuchar quejas sobre el maltrato que, en mi opinión, reciben igualmente, aunque a diferente escala, los toros en los encierros de los Sanfermines, en Pamplona. Soltar a unos toros por las calles de una ciudad rodeados de miles de personas tiene que ser de lo más agradable para ellos. Por no hablar de la correspondiente corrida que se realiza por las tardes, en la que se lidian los toros que previamente habían “celebrado” el encierro. En este caso hablaríamos de doble sufrimiento, pero todos sabemos que menos por menos es más. Además de esta regla, y a diferencia con Catalunya, los encierros son un “espectáculo” típicamente pamplonica (por lo tanto, navarro y, aunque no necesariamente, lindando con las aspiraciones de una Euskal Herria independiente), por lo que en este territorio no corre la imperiosa necesidad de prohibir tales festejos.

Curiosa la capacidad de estos maravillosos animales de desarrollar dolor y sufrimiento dependiendo del territorio en el que se encuentren…

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